Cómo afectan las fugas al consumo y a la estabilidad de presión
Casi todas las instalaciones de aire comprimido tienen fugas. Se aceptan como algo inevitable porque cada una parece pequeña y porque, en una nave con ruido, la mayoría no se oyen. Pero su efecto se suma: más horas de compresor, más energía, presión más baja y menos estable, y más desgaste de los equipos.
Por qué una fuga consume tanto
Una fuga es un orificio por el que el aire sale de forma continua mientras la red está presurizada, haya o no producción. El caudal que se escapa depende sobre todo de dos factores: el tamaño del orificio y la presión de la red. Cuanto mayor es la presión, más aire sale por el mismo orificio. Y ese caudal lo tiene que producir el compresor, con el mismo coste energético que el aire que sí se usa.
Por eso las fugas y la presión de trabajo están relacionadas: subir la presión para compensar una caída aumenta a su vez el caudal perdido por todas las fugas de la instalación.
Cómo afectan a la estabilidad de la presión
Las fugas son un consumo más que circula por la red. En tramos de poca sección o muy largos, ese caudal añadido aumenta la pérdida de carga, y la presión disponible en los puntos alejados baja. Cuando coinciden varios consumos, la presión cae más de lo que caería sin fugas y algunas máquinas empiezan a fallar o a trabajar más despacio. La reacción habitual es subir la presión del compresor, lo que, como hemos visto, aumenta las propias fugas.
En compresores de velocidad fija, las fugas también aumentan el número de ciclos de carga y vacío, y en instalaciones con varios equipos pueden obligar a arrancar un compresor más de los necesarios.
Dónde suelen estar
- Enchufes rápidos y acoplamientos, especialmente los que se conectan y desconectan a menudo.
- Mangueras agrietadas, abrazaderas flojas y racores mal apretados.
- Unidades de mantenimiento (filtro-regulador-lubricador) y sus purgas.
- Cilindros, electroválvulas y juntas de máquinas.
- Purgadores temporizados mal ajustados o atascados abiertos.
- Uniones roscadas de redes antiguas y tramos con corrosión.
- Pistolas de soplado y tomas abiertas que nadie cierra.
Cómo saber cuántas fugas tienes
La prueba más sencilla es observar el compresor con la producción parada y la red presurizada. Si entra en carga, el aire que produce en ese momento corresponde en su mayor parte a fugas. Comparando el tiempo en carga con el tiempo total del periodo y el caudal del compresor se obtiene una primera estimación. Otra opción es medir cuánto tarda en bajar la presión de un volumen conocido con el compresor parado.
Para un dato más preciso se instala un caudalímetro o se registra la energía de los compresores durante un periodo sin producción, dentro de una auditoría de aire comprimido.
Cómo localizarlas
El método más eficaz es el detector acústico de ultrasonidos. El aire que escapa por un orificio genera sonido de alta frecuencia que el oído no percibe pero el detector sí, incluso con ruido en la nave. Cada fuga se marca con una etiqueta y se anota su ubicación, el componente afectado y una estimación de su tamaño. El agua jabonosa sigue siendo útil para confirmar fugas en puntos accesibles.
Cómo priorizar la reparación
- Primero, las fugas grandes y fáciles de reparar: un enchufe rápido o una manguera se cambian en minutos.
- Después, las grandes que requieren parar una máquina o un tramo: se planifican en la siguiente parada.
- Las pequeñas se agrupan y se reparan en una campaña.
- Al final, se vuelve a medir el consumo sin producción para comprobar el resultado.
Evitar que vuelvan
Las fugas reaparecen con el uso. Ayudan a contenerlas una revisión periódica con detector, la sectorización de la red con válvulas para aislar zonas fuera de turno, el uso de componentes de calidad en los puntos que más se manipulan y, sobre todo, trabajar a la presión mínima que necesita la instalación.
Si quieres localizar y reparar las fugas de tu instalación en la provincia de Ourense, consulta nuestro servicio de detección de fugas de aire comprimido.